Llorar es de… runners
Por clothing-bag, 24/11/2022

Llorar es de… runners

(21-4-2021). Es una imagen más que habitual en la línea de meta de una competición. Corredores y corredoras, llorando. Dejando fluir sus emociones en un mar de lágrimas. “Correr estimula la actividad cerebral, lo que suele propiciar la intensidad emocional”, nos cuenta la neurocientífica y máster en psicología del deporte Carla Alfonso. Hay varios factores que justifican las fuentes de las que bebe y vive este torrente. Llorar forma parte del subidón que experimenta cualquier corredor/a.Llorar es de… runners Llorar es de… runners

Tradicionalmente, llorar se ha considerado como un signo de debilidad en las sociedades modernas. Y, de modo concreto, incluso se le ha atribuido un plus de género: los hombres no pueden llorar. Por suerte, esta tendencia de machos alfa y machista ha cambiado en las últimas décadas. Ver a una persona llorando, ya sea hombre o mujer, no tiene que estar relacionado con la virilidad o la fuerza. Y es que, tal y como expresó la escritora y socióloga española Concepción Arenal, “el llanto es, a veces, el modo de expresar las cosas que no pueden decirse con palabras”. Un lenguaje universal, pues.

Llorar forma parte del juego

En la llegada de una carrera, el rostro es, más que nunca, el espejo del alma. “Forma parte del juego”, admite la psicóloga deportiva Carla Alfonso. Con la situación actual de pandemia por COVID-19, “podemos vivir episodios de este tipo más a menudo”. No sólo en carreras tan extremas como un maratón. “Cuando hacemos deporte, conectamos con nuestro cuerpo, y, en ese sentido, éste puede abrir la puerta a emociones que hayan estado guardadas”. Custodiadas demasiado tiempo. Como en una letanía. “La música, el ambiente y las vivencias son el resorte que las deja salir”.

Pero, ¿qué explicación científica tiene llorar mientras corremos? Se lo cuestionamos a Carla. “Cuando corremos o cuando practicamos deporte, liberamos una serie de substancias (neurotansmisores, hormonas…), que pueden provocar varias respuestas en el cuerpo a nivel físico y emocional”. Una de estas respuestas concretas “puede ser el llanto”, señala la especialista. “Muchas veces se debe a liberación de tensiones o emociones que no se habían expresado”. Y de esto “podríamos escribir una enciclopedia en la actualidad”, asiente, explicando que “el llanto tiene el poder de calmar”. Y saciar.

¿Qué pasa si no lloro nunca?

“El deporte duele, ya lo sabemos”, cuenta reflexiva Carla Alfonso. “Con este dolor provocado por el ejercicio físico, podemos acceder a circuitos neuronales que lidian con el dolor”. Y algunos de estos circuitos “se comparten entre dolor físico y psíquico, por lo que, al activar el circuito vía ejercicio físico, también damos pie a expresar el dolor psíquico, y de ahí puede salir el llanto y los sollozos”. De igual forma, “no debemos preocuparnos tampoco si no hemos llorado nunca”, ya que cada persona es un mundo particular que responde de formas distintas a los mismos estímulos.

Llorar es de… runners

Por lo tanto, si lloráis con facilidad o lo habéis hecho en alguna ocasión, no debéis sentiros ningún rara avis. “Es totalmente normal”. Incluso más “en la situación de incertidumbre que estamos viviendo y en la que son muchas las personas que usan el running como vía de escape para combatir el estrés y la ansiedad”, cuenta la también impulsora del proyecto Neuroathleta (un proyecto que busca mejorar el rendimiento deportivo a partir de la psicología y la neurociencia). “Con las substancias liberadas durante el esfuerzo, condicionadas por nuestro día a día, las emociones afloran más fácilmente”.

La incertidumbre actual multiplica nuestras emociones

Muchos estudios han demostrado a lo largo de la historia que el ejercicio aeróbico puede ser igual de efectivo o más que los antidepresivos para tratar la depresión, tal y como nos cuenta la especialista. Por lo tanto, para este tipo de personas que corren para escapar del estrés y la zozobra actual, “tiene mucho sentido que puedan sacar a la luz algunas de estas emociones durante la carrera”. Y más si se trata de competiciones que se han preparado durante meses y meses. “La explosión de lágrimas no deja de ser nada más que una liberación de nuestro interior”. Y es que, a veces, el llanto repara más que la risa.

Los sollozos no están relacionados tanto con la distancia recorrida, como con “el esfuerzo respecto a nuestro estándares de condición física”. En este sentido, “puede ser más habitual ver a atletas derramar lágrimas en un maratón que en una prueba de 10K”. No obstante, los sollozos no están directamente relacionados con la distancia. Tal y como comentaba Carla, “dependen más de lo que una carrera determinada pueda significar para nosotros”. Y aquí entran en juego los motivos personales de cada uno. “Correr por un motivo, por un familiar, en relación a un reto personal…”, que dan fuerza a este mar.

Quiero llorar porque me da la gana”

Son muchos los/las runners que están saliendo a correr sin un objetivo específico en este 2021. A pesar de ello, los minutos de trote les permiten alejar, durante un buen rato, esas preocupaciones de la vida diaria, “más que nunca”, detalla la psicóloga deportiva. Y eso “ya es un reto en sí mismo”. Ahora bien, si echamos un vistazo al futuro, cuando recuperemos nuestro micro mundo de carreras, 2022 “puede convertirse en un gran océano de llantos”, alecciona Carla, con una sonrisa, para cerrar. Que cada cual llore para lo que quiera. Incluso “para lo que le dé la gana”, que escribió el poeta Federico García Lorca.

Información de contacto: www.neuroathleta.com

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Hay 1 comentario

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  1. Responder

    Un artículo genial. Como bien dices, el dolor físico y psíquico van de la mano, y a menudo esto se refleja en el llanto. La situación que estamos viviendo a día de hoy no deja a nadie indiferente y, de hecho,el deporte es una vía de escape estupenda para todas aquellas personas que lo practican para evadirse y desestresarse. Por ello, siempre es recomendable practicar actividad física para poder tratar problemas psíquicos como puede ser la depresión, entre otros.


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