Las series más vistas: mira todas las temporadas completas
Por clothing-bag, 07/08/2022

Las series más vistas: mira todas las temporadas completas

¡Carmen, abre la puerta!

Es tarde, Justo.Estoy fatigada.

Y yo, encendido.¡Abre!

Esposo, es tarde.

Y en mi estado...

¿Crees que una mísera puertame detendrá, infeliz?

Justo,

por piedad...

¿Me niegas el derecho de yacercon mi esposa

o simplementete complace enojarme?

Nunca te he negado nadadesde que casamos.

Pero mírame,el médico desaconsejó...

¡Al infierno!¿Acaso él es tu amo?

No, Justo.¿Quién es tu amo?

Tú.

¿Cómo tienesel cuajo de rechazarme?

Yo te saqué del fango.No.

Yo tenía casa y tierra que labrar.¿No te enseñaron a callar?

Reza susurrando

Carmen grita

¡No, Justo, no!

Es nuestro hijo, por favor.Te haré otro.

Para eso servís las hembras.No permitiré que le hagas daño.

Haráslo que me plazca.

Gozaré de ti y te daré una tunda,maldita labriega orgullosa.

No aprendes ni a base de golpes.

¡Ven aquí, zorra!

Reza susurrando

Deberías suplicar por tu vida.

¡Deberías besar por donde piso,desgraciada!

No, mi niño, por favor.

¿Ahora suplicas? Puedo matartesi me place. Como tú hay miles.

No, Justo, por favor.Pídeme perdón, zorra.

¡Que me pidas perdón!

¡Pídeme perdón!

Y no te revuelvas, ¡quieta!

¡No!Pide perdón, zorra.

¡Pide perdón!¡Perdón!

No, no.

Reza susurrando

¿Qué has hecho, insensata?

¡Por Dios bendito,has labrado nuestra ruina!

Iba a matarme, madre.

Ese hombre era un animal.

No le importaba si mi niño moría.Era tu esposo.

Y persona de poder.

Hemos de avisar a los civiles.¿Has perdido el oremus?

¿Quieres que nos den garrote?

Solo quería defender a mi criatura.

¿Quién va a creer a una mostrencaque hace dos días vivía de aparcera?

¿No acudieron los criados?

¿Cuándo acudieron a mis súplicas?

¿Cuándo a casa vino usted?

El cuarto está hecho una zarabanda.

Simularemos un robo.Coge dinero.

¿Cree que mi maridocompartía conmigo su fortuna?

Mira en su mesilla.

¿Para esto querías el dinero?

¿Para no gastarloy morir rodeado de miseria?

Ni una mala joya le diste.

¡Maldito seas!

¿Qué hacemos con él?

Ni el cielo nos ha de dar tregua.

¡Niña, espabila!

Vamos.

¡Vamos!

Espera.

Tapémosle con palos y hojas.

Vamos.

¡Apura!

Pudiendo vivir sin apuros,como señoronas,

mira a lo que nos has condenado.No sabía

que a las señoronas las apalizaban

y las tomaban sus esposospor la fuerza.

Eso es el matrimonio.Eso es el infierno.

Menos cháchara y apura, que yanos alcanzaron las luces del alba.

Niña...

Espabila.

¡Haz algo, demonio!

Ya lo hago.

¡Parir!

Grita

Grita

¡Chist!

Escucha, niña, escucha.

Toma resuello

y empuja. Eso, ahí.

Grita

Empuja.

Empuja con toda tu alma.

Grita

¡Dale!

Grita

Dale.

Banda sonora

Banda sonora

Llora el bebé

¡Mi inocencia!

Truenos

Aviva, que ya llegamos.

Ahí se avista el convento.

Está muy lejos.

Como si está en París,hemos de llegar.

No quiero, madre.

No, por favor,no me haga separarme de mi niña.

¿Quieres que los civilesnos atrapen a ambas?

Tu hija quedaría huérfana y malditapor ser su madre una asesina.

La llevaré conmigo.¿Adónde? ¿Cómo la cuidarás?

Con amor.De amor no se vive.

Pero se puede morir si te falta.No la abandonaré.

¿En qué mundo vives,desatinada?

Cuando esta te rompa el almaporque le duela el buche de hambre,

háblale con las consejas con las quevuestro padre os llenaba la sesera.

Camina.Hemos de marchar muy lejos de aquí

si queremos vivir.La niña es un estorbo.

Mi niña no lo es.

No todas somos como usted.

Desagradecida.Nunca entendisteis lo que hice.

Acepté que casarascon Justo por ti.

Fue por usted.¡Entérate, orgullosa! Os di todo.

Entonces me entregó a mí.Tienes la mala sangre de tu padre.

¡Tengo su dignidad!

Pues utilízala para salvarla vida de tu hija.

Si te empeñasen llevarla contigo,

morirá.

Mírala.

Mírala.

Pesa menos que un gato.

No aguantará el frío,

los vaivenes del camino.¿No lo entiendes? ¿No entiendes?

Morirá en tus brazos.

Ea, no te atortoles y camina.Que aún queda trecho.

No.

Venga, despídete.

No puedo.Madre,

se me desgarra el alma como se medesgarraron las entrañas al parir.

Es lo mejor para ella.

No tenemos nada.

Morirá de frío.

¿Quieres eso?

Mi niña.

La monjas la cuidarán.

¡Mi niña, maldigo a tu padre!

Y a los hombres

como él que nos usan

sin piedad.

Nunca dejaré que ningún otro hombrese acerque a mí, hija.

Basta, basta de melindres.

Basta.Mi niña.

Hijita mía, lo siento.

Lo siento mucho.

Volveré a por ti.

Inocencia, lo juro por Dios.

Aunque tenga que vender mi almaal demonio.

¿Qué haces?

Digo que volveré a por ella.

Las tontadasde vuestro padre.

No son tontadas las letras, madre.

Sirven de mucho.

Sí. A los señoritos sirven.

Con el alba

habrán encontradoal muerto. Vamos.

Hija, vamos.

Te quiero, mi niña.Te quiero tanto...

Serás más feliz con otra familia.

Adiós.

Adiós.

Este va para la ciudad.

¿A qué vamos a ir allí?

A perdernoshasta que esto se olvide.

Pablo nos auxiliará.

Ni por asomo, madre.

No le metamos en esto.O él el garrote. Tú verás.

Silbato de tren

O nos largamos yao será nuestro fin.

Madre, no creo que tengalas fuerzas.

De entre mí no cesade manar sangre.

Basta de melindres.

No te voy a dejar aquía que te pudras. Harás un poder.

No llego ni al tren.Como me llamo Teresa que sí.

A moverse.

Hija, por todos los santos,haz un poder.

Silbato de tren

Aguanta.

Manuela, aguanta.

Aguanta.

¡Hermana!

He hecho algo horrible. Horrible.Bien hecho está.

Ese desgraciado se lo merece.

¿Y mi niña?

Inocencia, Dios mío,la abandoné.

Tan pequeñita.Todo se arreglará.

Que yo estoy aquí.

Hemos de marchar.

Si nos descubren, nos delatarían.Nada cambia.

Su hija se va en sangre.

Pienso en ella. No maté a nadie.Casi. A Carmen.

Vaya hasta Plaza Mayor.

Es fácil.Cuando llegue a la esquina

del barquillero

a la derecha.Nadie le preguntará nada.

Es lugar de prostitutas.

¿A semejante sitio?

Vendió a su hija.No me hables así.

Me gustaría ni hablarle.Vaya.

Y si le preguntan, mienta.

Se le dará bien.

¿Y Carmen?Yo me ocupo. Ya ha hecho bastante.

No te muevas.Enseguida vuelvo.

Bien.

Si no me fuma,se pondrá usted bien.

O no vamos a ningún sitio.

Al cielo, doctor.

Eso sí.

Pablo, ¿qué te trae?

¿Ha pasado algo en mi casa?Es cosa bien distinta.

Es una amiga, don Germán.Creo que está mal.

No es poco lo que sucede.No le molestaría si no.

Vamos.

¡Dios bendito!Pero si es una niña.

Esta muchacha está casi muerta.

No diga eso.

Digo lo que veo.

Algún matarife le hizo un aborto.

¡Malditos sean!

¿Cómo avisas cuando no tiene

gota de sangre?Cuando lo supe.

Tarde.

Tu... lo que sea,no tiene salvación.

No tengo instrumental.

No tengo suficientesmedicamentos.

Vamos a la clínica.No, señor, no.

No conviene.

Su familia nada sabe.

¿Quieres que la atiendaen el suelo

de un almacén?No, no, yo...

Tengo un lugar donde llevarla.

No está lejos.

Se lo suplico.

Muchacho, mírala.

Este ángelno tiene halito de vida.

Lo tiene, señor.

Ella es fuerte,se lo juro.

Por favor,no deje que se me vaya.

Ella no se merece esto,

por favor.

No la deje morir.

Por tu bien esperoque no te equivoques.

Y que esta chiquillasea fuerte como el roble.

Solo un milagro la salva.

¿Unas viejas cuadrasson lugar apropiado?

Me dejan dormir aquí.Nunca viene nadie.

No sabía eso.Los señores no saben de los criados.

Tráeme más agua.¿Puedes calentarla?

Sí. Tengo un infiernillo.

No, no.

¡No! ¡Suélteme!No me ponga

la mano encima.

Templa, templa.Soy médico.

¿Médico? Hombre.

La misma cosa.Otro me ha traído aquí. Pablo.

Lo mismo me da.

No quiero médicos.

¿Quieres morir entonces?

Pues si no te coso,no verás la luz del día.

Tú decides.

Cosa pues.

No te asustes.

Ya nada me asusta.

Corajuda eres, moza.

Bien te vendrá.

Habrás de intentar estar quieta.

Toma. Aprieta.

O muerde

cuando duela mucho.¿Estamos?

¡Ah!

¡Ah!

¡Ah!

Ha perdido mucha sangre.Y tenía desgarros.

Su preñez estaría

bien avanzada.No te aseguro que salga de esta.

Haré lo posible.

Parece un ánima

de la poca color.Pero tenías razón.

Esta chiquilla

es de la corteza del roble.

Imagino que no me contarásnada de la historia.

No puedo, don Germán.

Te creí de otra pasta, Pablo.

No es lo que piensa.

No soy quien le hizo esto.

Más no le puedo decir.

Te creo.

Y prefiero no saber nada.

Cuando amanezcate vas a la botica

y me traes esto.Esta noche me quedaré aquí.

Yo quisiera...Si empeora,

¿sabrás qué hacer?

No. Pero a usted en su casa...No me echarán de menos.

Yo creía

que sí.

¿Ves?

Los criados tampoco sabéisde vuestro señores.

Vamos, marcha.

Aquí ya poco puedes hacer.

Espero algún día poder pagarlelo que ha hecho por ella.

No sé cómo se puede viviren las ciudades, médico.

Todo es gris.

Y sin brillo.

Y yo no sé cómo tienes el cuajo

de levantarte del camastro,

condenada muchacha.

Necesitaba ver el verde.

Y oler este aire limpio

después de tanta fatiga.

Sin duda este paisaje

es digno de contemplar.

Miras en la dirección equivocada.

El sol está por allí.

Y la luz en ti.

Médico y requebrador.Ya.

Cómo sois los hombres de ciudad.

Como los de cualquier otro sitio.Pues lejos os quiero.

No todos somoscomo el que te hizo eso.

Por ventura.

Pero igual me da.

No te ofendas,

pero no me aceroni al más pinturero.

Lástima.Pocas ventajas me das.

Ninguna.

Descreída te veo.

Tanto como el mayorde los herejes.

No sé qué es seo que dices.

Uno que ya no cree en las bondadesde Dios.

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Pues eso debo ser.

Porque yo no creo en las bondadesde nadie.

Gracias por la parte que me toca.Ea, para ti la perra gorda.

No sé ni tu nombre.

Mejor.

Mira que eres raspa.

Muy bien.Me presentaré yo al menos.

Señorita, mi nombre...Médico.

Con eso me basta.

Cuanto menos conoces a la gente,menos daño pueden hacerte.

Menuda filosofía.

¿Qué te pasa, muchacha?

Eres casi una niña.

Y tienes tristezaen tus ojos.

No quieras saberlo.

Quiero.

Tuve que cumplir con un deberque me acarreó mucho dolor.

Y ahora

he de cargarcon las consecuencias.

Tú tampoco pareces muy dichoso.

Veo la misma penaen tus ojos y los míos.

Yo también tomé un caminoque no era el mío.

Y ahora vivo un vida amarga.

Que no era la predestinadapara mí.

Vaya dos.

Menuda alegría.Como para irnos de verbena.

Como para irnos y no volver.

Estaría bien.

¿Verdad? Huir.

Olvidar quiénes somos.

¡Ay!Niña.

Niña, tienes que volver al catre.

O lo porfiado quedaráen agua de borrajas.

Estoy bien.

Confía en mí.

Un poco al menos.

Descreída.

Al fin despiertas.

Me duele hasta el alma.Te dije

que era médico.

Pero no bueno.

Eres rara, muchacha.

Sales de una pesadillasin perder la sonrisa.

Ojalá todo esto no hubiera sido másque un mal sueño.

No lo es.Tienes edad para soñar.

Y estás penando.

Una ya no cree en cuentos.

Ni en príncipes.

¿Aunque hayan sanado tus heridas?¿Qué sabrás tú

de mis heridas?

Te digo lo que veo.

Las apariencias engañan.

¿Me lo cuentaso prefieres que adivine?

No quiero que adivines.

Ni que imagines.

Quiero que cada cual

siga su camino.Tú a tu vida en tu palacio

y yo a mis afanes.

Mi vida es tan griscomo te parece la ciudad.

Pues cámbiala, médico.

Para eso sirve tener posibles.

Ahora tú hablas de cuentos.

Ojalá pudiera.

Ya no recuerdoningún final feliz.

Daría todo lo que tengo

por escribirte uno.

El mío ya está escrito.

Y solo yo puedo hacer algopara cambiarlo.

¿Me dejarías ayudarte?

Car...

¡Caramba!

Qué buen aspecto tienes.

Ya le dije, doctor,

que tenía corajepara salvarse.

De eso hablábamos justamente.

Tome usted.

No sé cómo agradecérselo.

Que no vuelva a pasarpor lo mismo, por ejemplo.

Ya le digo yo que por lo mismoni en mientes.

Tómate esto cada tres horas.

Es amargo.

Pero te curará.

Volveré esta noche.

Vete pensando

en la respuesta.

¿La respuesta a qué?

A que si aún creía en cuentos.

En la sastrería ni vieronmis idas y venidas.

Es lo bueno de hacer recados.Vámonos.

¿Cómo?

Nos vamos, Pablo.

No comprometamos mása este hombre.

Y yo he de pensar qué haré.No te puedes mover.

Te pondrías en peligro.Del peligro huyo.

No quiero sufrir más ni arrastrara nadie conmigo.

Ea.

Ayúdame.

Ayúdame.

Ven.

Puerta

¡Hijos!

Al fin.

Carmen, ¿cómo...?Madre,

cuidado. Ni la miente.

Perdón.La alegría de verla con vida.

A partir de ahora a cambiarde santo.

Hermana, tú...

Tú te llamarás como la abuela.

Manuela.

Y usted...Guadalupe.

Es milagrosa.Falta nos hace un milagro.

¿Se ha enterado de algo?¿Nos buscan?

Yo he ojeado algún diario,pero me entero de poco.

Algo de una familiade Brihuesca que ha desaparecido.

¿Han encontrado algo?Ni siquiera lo enterramos.

¡Madre!Pensemos qué hacer.

Yo buscaré trabajo.

En tu barrio un mujercomo yo encuentra faena.

Eso ni de chanza.

No la quiero cerca de míni de ella.

¿Qué?Me abandonarás.

Entregó a mi hermana a ese hombre.Tome un tren

al norte.En un hotel necesitan doncellas.

Tu hermana me necesita.

Mírala.

Está débil como un pajarillo.Madre,

Pablo conoce el paño.

Buscarán a madre e hija.

Si nos separamos,más posibilidades.

Hija, por favor.

Me he visto en agonías por ti.Lo sé.

Y se lo agradezco. Más ahora...Lo mejor

es que tome portante pronto.

Hágase cargode que no existimos.

Sigues echándome en caraque la casara con Justo.

Fue para que fuéramos felices.

¡Usted quería ser feliz!

¡No me hables así!

¡Basta ya!

Callad los dos.

Hemos destrozado nuestra vida.

Nuestra familia.

He matado a un hombre.He dejado

a mi hija abandonada.Se acabó.

Usted marchará donde dice Pablo.

Y yo faenaré hasta caer rendida.

Para ahorrar hasta el último céntimoy vera mi niña. Punto redondo.

No quiero oír ni una palabra más.

Ni una.

Solo

dormir y olvidarque nuestra vida es un suplicio.

¿Seguro que estás bien?Que sí, pesado.

Hace unos días hecha una compasión

y ahora más frescaque una lechuga.

Gallarda que es una.

Ea, lleguémonosdonde esa señora Paciencia.

Ya que me da jornal.Te espera como agua de mayo.

Pero haz mente de tu nombre.

Manuela.No la jeringues con eso.

Estos laureles están anegaditos

de agua.-Porque los riegas cada día.

-No fabules.-Si riegas más,

pasan de planta a pescado.

-¿Cuándo viene el pescadero?

Los martes, ¿no?

Y es martes, ¿verdad?

-Qué paciencia, Señor.

Hola, don Servando y compañía.

-Serán para ti.-Pues cuanto mejores serán

si esta prendaes la fregona.

La misma.La Manuela.

Para servirla a Diosy a Vd.

Qué educadita y qué remona eres.

Paliducha.

Verídicamente te lo digo. Pero esocon el Lorenzo se te quita

en un periquete.Cierto. Bien me vendrá.

Y a mí tu ayuda, hija.Que una tiene ya una edad.

Y los lomos se resienten

de tanto doblarlos.Me dice el Pablillo que haces faena.

Desde chiquilla, doña Paciencia.No me oirá ni un lamento por darle

al cepillo.¿Has oído?

¿Entonces de acuerdo, señora?

Pues si ella lo está...Dos reales al día y cuarto.

Con lo que sea me apaño.

Pues hale, vente conmigo.

Te enseño los trastosy te avío un mandil.

Y luego subes tus cosas.¿Dónde están?

-Bueno, ya las traerá, mujer.

Venga, venga, largando.No puedo trabajar.

-El ministro.

Vamos, hija.

Vamos.Ay, ¿qué hago yo con esto?

Mira, esta casaes de muchos posibles.

¿Cómo dijiste que te llamabas?

Don Leandro,

¿cómo está el mundo?Revuelto, hijo.

Desde lo de Cuba

no levantamos cabeza.-Libertinos.

Estos lo que nos han traído

son matrimonios no bendecidos,obreros protestando y mira.

-¿Qué?¿Sagasta se la quemó?

-Sagasta y sus compinches lo quehan traído es poca formalidad.

Y de esos polvos estos lodos.

-Encontraremos otra planchadora.No se apure.

Trabajo es lo que necesitala gente.

-La gente quiere jornal.Pero trabajar... Ay.

Ni un palo al agua.

Desde la Florenciano tenemos

planchadora decente.¿Le pregunto en el mercado?

Tengo que llevar dos trajes.

Sí, Pablo.Pero ni muy niñas

ni muy frescas.

Ni casaderas.Que se nos van.

Ni muy viejas.No les sale la raya.

-Fácil el encargo. ¿La Virgende la Paloma le va bien, madre?

-Todo te lo tomas a broma, Leandro.¿El día que te falte qué será de ti?

-Que descansaré.Vuelvo en nada.

¡Leandro!

-Sí.

Eh, Pablo.

¿Qué? ¿Otra noche dura?Hazme que estuve contigo.

No me gusta mentir.Por no preocuparla.

-Buenos días, Pablo.

Buenas noches, hijo.

-Madre, ¿cómo dice eso?Me deslomo desde el alba

con recados con Pablo.

-Ya. Anda, pasa ayudarcon los pedidos.

Venga.

¿Has desayunado ya?

Sí, doña Juliana, gracias.Corro a llevar estos trajes.

Ten. Unas porritas

para el camino.Es usted

pan de Dios.

Ea, señoras.

Que si no me doy aire,

doña Cayetana se vuelve regañona.-La que saca.

Su madame se levantay se va al sobre regañona.

-Y lo paga con la niña.-Pobre Carlotita.

Fabiana.

¡Fabiana!

¿Cuántas veces te he dichoque no corras?

¿Eh?

Pesada.

Campanilla

Ahí la tengo.-Menuda demonia es.

Le da Dios un angelito

y ni la puede ver.

-Eso me duele.Una hija es un tesoro.

-Ay, mal empezamos,Blasa.

-Ea, ya, mujer.

De plañiderasel infierno lleno.

Y templa.

Se solucionacon un paño.

-Mi señor don Felipeno piensa igual.

De inútil me tiene.

-Menos bla, bla y más preñarlaa ella.

Una sin hijoses un jardín sin flores.

Que nos ha llamado jardines mustiosy se queda tan ancha. ¿No te ondula?

-Mujer, se refiere unaa las doñas.

Han nacido

para dar hijosa sus esposos.

Y si el vientre viene seco,

ya tenemos la tragedia.-Buenos días.

-Los modalespara mis señores.

-¿Acaso se gastan?

Campanilla

Va, va.

-Tu señora quiere sus aceites.

-Mu señora quiere ir de amanecidaal anochecer.

-Más mirar por los dineros.

Ah, aquí estás.

Mira, hombre de la casa.

Que mires.

Segundo arreglo.Segundo.

¿Cómo salgo con esto a la calle?

¿No dices nada?Ay, contenta me tienes.

-Oye, que a mis señoresles va de lujo.

-Como a los míospara tener hijos.

-Ea, no se me arruguen.

Tenemos faena.

Menuda criada

le ha tocado a la señorita Trini.

-Eso por querer picar algo.

Que una gallina no puede volar.

-Buenos días, familia.

Gracias, Regina.

Buenos días, mi amor.-Buenos días.

-¿Has dormido bien?-Muy bien.

-Yo también.Hija, Luisi, qué guapa.

-"Y lo peor"

que le puede pasares que se estampe de morros.

-¿Se puede, mujeres?-Chasco que no.

-Les vengo a presentar

a su nueva comadre.Marta.

Manuela.Ay, eso. Manuela.

Viene a echarme una mano fregando

y aviando portal y descansillo.-Ya era hora.

Que andarse de rodillashace mal a los huesos.

-Y usted que lo diga, Blasa.

Campanilla

-Ya me llevo el gordo.Que no eres humo.

Quita de en medio.

Perdón.-Casilda.

Para lo que gustes.Gracias.

-Y esta, hija, es Blasa.

Trabaja en casade los Álvarez Hermoso.

-Y vieja.Por eso no me levanto, prenda.

Y bien que hace.

-Ay, hija.Aquí apéanos

el tratamiento. Somos criadasy sobran los ringo rangos.

Pero sin sacar los piesdel tiesto.

Que te ponemos en tu sitio.

Estamos.

Y muy agradecida de estaren su altillo. Es alegre.

Mira esta. Alegre.Espera que llegue el invierno.

Verás lo alegres que se ponenlos carámbanos.

-Y nuestros dientes castañeteando.Como para zapatear.

Toma.

Si ha de bailarse, se baila.

Así se habla.Oye, me has caído bien.

Tú dormirás conmigo.

Ven, te enseño tu camastro.-No, ve, ve.

Luego bajas y te doy cubo, cepillosy jabón.

¿De dónde ha salido?

-De la necesidad.

Como todas.

No es grande,pero tiene ventana.

Y las camas gimen másque un gato escaldado.

Pero no tienen chinches.

No te apures.

Yo solo busco faena y jornal.Ya.

Para vacaciones ya te vas a tomarlas aguas, ¿no?

Chica, pareciera que te vasen cólicos

o en hambres o fatigas, ¿no?

Ea, mujer.

Que todo lo malo pasa.

Ojalá, Casilda,y que nunca vuelva.

Acabas de llegary marchas.

-Sí. Marcho donde Ramón.

he de llevarle unos papeles.Ya me tomaré el café con él.

-Verás a Maximiliano.Le gusta pasar la tertulia allí.

-Hace unos meses que no se vemás que achicoria donde los Hidalgo.

Y Ramón tiene el mejor café.

-¿No vienes a la deliciosa?

-¿A escuchar estolidecesy cotilleos?

No. Gracias. Eso vosotraslo hacéis bien.

-Las mujeres no somos tan puerilesy sin pesquís como crees.

Muchas tribulaciones hay.

-¿Los tocados para la tarde?

¿El largo del guante?

-El servicio, la casa.

Vosotros.

Los hijos.

-Mucha tormentapara tan linda cabeza.

-Es nuestro afán y nuestra función.

Agasajaros y daros descendencia.

-Cada uno lo suyo.Nosotros traer el pan.

-Y sernos fieles.

-Por descontado.

Vosotras ser decentes y obedientes.

-Y cuidar de vuestros hijos.

Claro,

tras parirlos.

-Celia,

por más vueltas que le des,por más que te amostaces,

eso no va a traernos niños.

No se vive con nubes preñadasde lluvia en casa.

Deja que entre el sol.Sal, diviértete.

Y los bebés vendrán.

-¿Lo crees de veras?

¿De verdad tienes aún fé?

-Tengo fé en nuestro matrimonio.

Y fé en ti.

En que has de sermadre devota,

como esposa adorable.

Pero te pidoque no centres cada pensamiento

en llenar tu vientre de vida.

La vida, amor mío,está aquí fuera.

-Tienes razón, Felipe.

Soy una atortolada.

-Eh.

Una atortolada preciosa.

-¿Vendrás pronto?-No lo sé.

Por si acaso, tú haz tus planes.

Me tensa saberque me esperas.

-No me importa esperar.-Celia, querida, sé obediente.

Diviértete en la chocolateríasin prisas.

Adiós.

-Felipe.

-Dime.

-¿Me seguirías queriendo

si es que al final

no logro quedarme encinta?

-Celia,

es obvioque no deseas complacerme.

¿Qué te he dicho?

¿Tanto te cuesta dejar de mencionarel tema a ratos?

-No. Yo lo siento.

Soy una pesada.

-No dejaría de querertepor no darme hijos.

Dejaría de quererte si teconvirtieras en una esposa quejicosa.

-Te prometo que no seré así.

-Bien, querida.

Llego tarde.

Pásalo bien.

¿No huele este portalcada vez más a humedad?

Lleva varias noches llovizneando.Eso ya lo sé. ¿Me crees sorda?

Por cierto, hablando de sordas,esa criada tuya cada día está peor.

No sé cómo la aguantas.Blasa es mayor.

Es un incordio. Lo que tú ves comocompasión estas lo ven debilidad.

Échala y búscate una criada fuerte.Sí, Cayetana.

Pero había pensado buscarle ayuda.Pamplinas.

Tirar el dinero es mantenera esa risión.

Que se vaya al pueblo.

Vaya horitas de fregar.

¿Dónde está Paciencia?

Holgazanas y sordas.

Ni contesta.

¿No has oído?He oído.

Pero al no saludarno sabía a quién hablaban.

¿Y esta?

Quiere saludación como al Padre.No.

Solo buenas tardes.

Doña Paciencia ha salidoal mercado.

¿La nueva fregona?

Ya ve.

A esta hora salimos a merendar.

Otro día ten el portal antes.¿O quieres que resbalemos

y nos rompamos la crisma.Hay un pasillo

seco para que eso no ocurra, señora.Lo que nos faltaba.

Una fregona que vade darle al magín.

Pedirá aprender a escribir.

Yo no, señora.

Servidora ya sabe.

Pues menos leery más fregotear.

Vamos, Celia,que llegamos tarde.

Fabiana,lleva a la niña al parque.

Me levanta jaqueca

con su caprichos.Sí.

Carlota,

deja de enseñaresos dientes feos.

Solo las niñas bobas

sonríen sin ton ni son.

Doña Paciencia.Sí.

Esto es de unade las señoras.

El caso es que se me vienea las mientes que sí.

No sé de "cuala".

¿Miro a ver?Recién salieron dos.

Ah, doña Cayetana y doña Celiahan de ser.

Sí. Lo más habrán llegado

a los jardines del Príncipe.

El parque que estáal final de la calle. Corre.

A ver si les das alcance.

Celia, mujer, date prisa.Es hora de la merienda.

Estos cada día lucen peor.

Y hieden.

Espero que Dios nos recompensepor nuestra bondad.

Si no...¡Ay, Dios!

Celia, me arrancas el brazo.¿Qué?

Mi limosnera, no la tengo.Ni cabeza.

A lo mejor no te la ha dado Blasa.Esa criada...

No, no, no.La llevaba al salir de casa.

Lo mismo te la ha afanado alguno.

Mira cómo nos miran.

Si trabajaran,no se verían así.

Ni un guardia se ve.

Cómo se va a poner Felipe.

Para lo que para por tu casa...

Ya.El pobre siempre pico y pala.

Picos pardos más bien.

En fin. Desandemos lo andado.

No vaya a serque se te hay caído.

Dices que estás descompuesta y tepides un agüita. Yo una melisa,

por guardar la figura.-¿Por qué bajar y no merendar?

-Estas pécoras comenzarían a murmurarque no tenemos ni para picatostes.

-No tengo gana de estar aquífingiendo lo que no soy.

-Esta comedia la hagosobre todo por ti.

¿Quién querría casarcon una pobretona?

-¿Y quiero matrimoniar?

-De verdad. Tanta zarandajate está convirtiendo

en una machorra.

-Quite.

Tengo los papeles que me pidió.Solo fírmelos.

-Es usted un abogadode primera.

-Me halaga usted.Poca cosa era.

-Más Brandy.

-La carne es débil,amigo Ramón.

Y su Brandy ambrosía.

-Suyo es cuando guste de probarloy darme algo de la palique.

Se agradece tratar de política y detoros. Que con nuestras santas...

No me hable.

Tengo la firme creencia que cuantomenos se hable con ellas, mejor.

-No puedo estar más de acuerdo.Piensan demasiado.

-Y sin costumbre.

De esos polvos estos lodos.

-¿Han leído algo

sobre Faused?Una inglesa.

Aboga porque las mujeresparticipen elaborando

las leyes.Que como han de cumplirlas

bien pueden redactarlas.-Es que hay que quererlas.

Qué ocurrencias.-Chiquilladas.

Mi Leonor también ha salido peleona.

Gusta de leer y escribircomo un Cervantes.

-Adorables, eso es lo que son.

Y hablando de las tales,

mi pequeña.-Padre, señores.

¿Dónde vas tan pizpireta?

-A por la merienda.Que se me antoja un suizo.

-Trini baja a por un chocolate.

-Imposible.Tengo tarea.

-Mi esposa y Leonorestarán en La Deliciosa.

-De guinda.Marcho pues, señores.

¿Es o no es una bendicióntener una hija, Maximiliano?

-Gloria bendiga.La alegría del cielo en la tierra.

-Luisi, espera.Atiza.

Digo... Buenas tardes.

Cuánto bueno aquí.

-Señora.-Trini.

-María Luisa salió.

-Qué raro.Le dije que me esperara.

-Esta juventud

está atolondrada.

-Ya. ¡Huy!Coñac.

Qué rico.Me encanta

este bebercio.

Yo bebía aguarrásy lo llamaban coñac.

Qué bueno.

Ramón, me termino de aviary nos bajamos.

Y a merendar, que tengo gusa.

-Como quieras.

Pues listo.

Señores.

Con Dios.

-Su señora de usted sí que pareceno meterse en muchos berenjenales.

-Mi esposa es un ser feliz,amigo Felipe.

Y eso me da la vida.

-Mira que demoran.

-Vámonos.Merendemos en casa.

Pan con azúcar.-Chitón.

Queridas amigas.Ya os extrañábamos.

Siempre tan puntuales.

Un incidente.A Celia le han robado la limosnera.

No. Pero, Celita,qué pavisosa.

-A lo mejor no.A lo mejor los burros

vuelan. Señoras, este barriova a la debacle.

Los guardias están ojo avizor.

Con suerte pillan al cacoy le caiga una.

¿Qué bebes, una melisa?

Ya ves. Mis alifafes.Y la nena está igual.

¿Verdad?Algo hemos debido comer

que no ha caído mal.Sopas de ajo.

Sopas de ajo.

Qué ocurrencia. Ni el serviciocome eso en casa.

No era mi intención, mujer.

Pero estáis hechas un escuezo.

El chocolate os haría másque esa agüita

con limón.

Ay, no, no.

Si no nos sientan bien.

A ver.Que nos dan las burras de leche.

-Señoras, cuánto bueno.

No nos haga fiesta.

Que estamos cada tarde.

Por frecuente no dejaráde complacerme.

Qué cumplida es usted.¿No se cansa de tanto almíbar?

¿Teniendo una chocolatería?Necia sería.

¿A usted le amarga un dulce?

Aborrecería ser empalagosa.No tema.

Eso nunca le pasará.

Ahora les envío a Martita.

Viudas.Unas resentidas todas ellas.

-Juliana no me lo parece.

Tu amargura te hace inmunea la de lo demás.

Natural.

-Pronto llegarán niños.

-Dios te oiga.

Qué no daría yo por ser botínsolo por sentir el roce de tus manos.

-No seas descarado,Víctor Ferrero.

-Si ahora la sinceridad es frescura,"mea culpa".

¿Adónde vas tan galana?

-A por un suizo a casa de tu madre.-Pues invitada quedas.

-Mi padre no permiteque ningún varón me convide.

-Pues entonces déjame ser algo tuyo.-Muy rumboso estás.

-Hombre,yo todo por darte contentura.

-Dale alegrías a tu madre mejor.

La tienes malcon las zarabandas nocturnas.

-Falacias.Me mato estudiar de noche.

-¿Se estudia en las salasde fiesta?

Dicen que es de dondese te ve salir.

-Si yo me doya los entretenimientos mundanos,

es por olvidarte.

Porque tus desdenes me traen mal.

Pablo. ¿Qué haces?¿Donde vas con eso?

A buscar a sus dueñas.

A ver qué te crees.

Los guardias te buscan a ti.

No por robar.¿No?

Por matar.No digas enormidades.

Le he dicho a Pacienciaque iría tras de ellas para dárselo.

Que te da caza la policíay te pide la cédula.

Y tus mentirasquedan descubiertas.

¿Quieres eso?

No.

Eres un fugitiva.Compórtate como tal.

Nada de favores, nada de escándalos.

Habrás de ser silenciosa.

Invisible me haríapara no sentir

que me hallo así.Pues si no ansías eso,

deshazte de esa limosnerasin tardar.

Dásela a la Paciencia.

Y que las busque ella.

Que las tiene confianza.

Pero tú no te metas.

Sí.

No te apures.

Ahora me llego al portaly digo que no di con ellas.

Arreando.

No.Carlota.

Nena.No.

¿Y ese llanto?Me he ensuciado.

Pero si solo es tierra.No pases fatigas por esto.

Mi madre me castigará.No es de señoritas

ensuciarse.Puede que no de señoritas.

Pero los niños se ensucian.

Y este vestido no lo usespara el parque.

Natural que se manche

jugando en arena.Madre no quiere que juegue.

¿Entonces a qué bajas al parque?

A escuchar los cuentosque me lee Fabiana.

Pero me gusta trepar.Ves todo distinto.

Y nidos con pollitos.

Y las hojas de cerca.Y ver sin ser vista.

¿Verdad?

Te voy a limpiar el vestido.Y al ir

a tu casa ni rastro.

Ea, vamos.

¿Tiene niños?

¿Por qué?

Porque tienen suertede que seas su madre.

Si los tuviera,

me gustaría que fueran como tú.

Mi madre dice que no soy hermosa.

¿Eso dice?

Vaya con tu madre.

Cuando tu madre era pequeñani había espejos.

No podía mirarse.¿Cómo lo va a saber?

Lo mismo era muy fea.

Señoras, buena merienda

están tomando.

¿Te unes?Gracias.

Pero llegaba solo a por un suizo.-Y a por tu enamorado.

Os hemos viso.

-¿Víctor?

Una aspira a hombres, no a niños.Y menos a golfos.

-No es tan fiero el león.Nos conocemos.

Se le va la fuerza por la boca.Sienta, que eres de mi quinta.

Así me veo en inferioridad.

Niña, tengo pocos años más.

-No, marcho porque...

Demasiado tarde.

Ahí viene.-Menuda es.

-Ay.

Ramón, ¿sabes que no tengo hambre?-Trini, no seas tímida.

A ti no te quitan el apetito.

-No quiero entrar.Vayamos a dar un paseo.

-Trini.

Eres mi esposa.

Y como talhas de comportarte.

Entra y demuestra quién esla señora de Palacios.

-Para ellas era Lourdes.-Para mí tú, amor mío.

Vamos, tesoro.

Que no se diga.

¿Qué es eso que lleva?Por eso mis prisas.

Ni cruzarme quiero.Menuda madrastra

te cae.Con lo que era tu madre.

-Amén.(TODAS) Amén.

-Buenas tardes, vecinas.Hola, Luisi.

-María Luisa.Detesto ese diminutivo.

-Ay, hija.Es que eres tan joven

y ese nombre...

En fin. ¿Merendando?

A oír misa vamos a la iglesia.

Ah, sí.

Claro, qué tonta.

-Madre, me ha sobrevenido jaqueca.Y es poca sobreventura.

Como poco.-Guarda la figura.

Estas jovencitas...

Roguemos a Diosque case pronto.

Qué buena eres, Cayetana.

Siempre pensando bondades.

Cristiana nada más.-Que se te alivie la cabeza.

-Gracias, Trini.

Qué fatiga ha de dar no tener.

Trini, ¿te vas a quedarcomo un pasmarote?

Ah. Perdón.

-¿Ha merendado usted?-No.

Digo no.

Mi ramón...O sea, mi esposo

iba a sacarmea por unas garrapiñadas.

Pero se tuvo que marchar.-Es lástima.

Estos hombres con quehaceres.-Sí

-Si me disculpan...

-Me siento y me...Lástima.

Acabábamos y nos íbamos.

Ah.Vaya por Dios.

-No se mienta al Señor en vano.-Ya. Se me ha escapado.

¿Le pides la cuentaa doña Juliana?

Enseguida.¿Y tú te tomas

un chocolate?-Tengo labor. Un suizo

para la casa.Con Dios.

-Con Dios, María Luisa.

Trini, ha quedado una mesa libre.No te la quiten.

¿Pero no se iban?

Las prisas nunca sonbuenas consejeras.

Menuda pelagatos. Y encima cargadade reales por Ramón.

Si Lourdes reviviera...

Se moría de nuevo.

¿Qué haces tú con la limosnera?

Me pidió doña Pacienciaque se la retornara.

Pensó que se la robaron.

Pues ya ve usted que no.Anda,

déjate de cabriolasy devuélvela.

Que se cae el pelo.-No.

Un poquito más.

Padre estará al llegar.

-Adoración siente por su padre.

¿No es como su madre?

Qué va.

Pan de oro es don Germán.

-¡Padre!

Mi niña preciosa.

¿Qué tal el día?

¿Has merendado?

No me gustaban las rosquillas.

Ni a mí.

Mira, ve con Fabianaa por un pirulí.

Pero no se lo digas a madre.¿Estamos?

La fugitiva sin nombre.

Me dejaste sin pañueloy sin respuestas.

Te dejé el mío a cambio.

Aunque poco te parecería.

¿Y mis respuestas?

Ahí las tienes.

Tú padre y esposo

y yo fregona.

De eso se trataba.

De salirse del camino.

Germán, ¿no?

Don Germán.

No chancees.Fue un bonito momento.

Pero los cuentos no son más que eso,mentiras para chiquillos.

Padre, ya conoce a Manuela.

Manuela.

Bueno, algo vamos avanzando.

Fabiana, lleva a la niña a casa.

Que se laveantes de que la vea su madre.

Vamos, Carlota.

¡Guardias!

Es ella.¡Tiene mi limosnera!

Esa, esa es.-Tú, muchacha, quieta ahí.

No me muevo.

¿Lo ven? Tiene su limosnera.Señora, dispense.

¿Es tuyo?No, señor.

Lo vi en la escalera.

Trabajo ahí.Vamos, niña, santo y seña.

Manuela.¿Manuela qué más?

Manzano.Una recién llegada.

Y se iba con el botín.No, señora.

No quería robar.

Nos la llevamos.No.

Calabozo se merece.

No, señores.Señores, sin violencia.

No se lo suplico. Señores,nada malo he hecho.

Lo discutiremos allí.¡No, no por favor, no!

¡No, por favor!

Aviva.

Hay que llevar a los animalesa beber.

La mama necesita los pañospara la lumbre.

-Padre.

Un muerto.

-Las ánimas benditas.

Sabe que allí estará mejor que connosotros. Juntas nos descubrirán.

Sabes que nunca te delataré.

Madre, todo irá bien.

¿Acaso algo nos ha ido bienen la vida?

"Don justo".

"Su esposaesperaba un hijo".

"Y la madre, una tal Teresa".

Difícil será que no los encuentren.

-No íbamos a abandonara un cristiano.

¿Quién es tu mujer?

-Mi mujer.-Eso es que la ama.

-O que la odia.

¿Alguien te vio con esa ropa?El que me atendió.

"No pudo dejar que lea ese diario"."Defensora de las nuevas".

¿Te sucede algo con ella?

-No me gusta esa moza.Se anda con muchas maniobras.

"No sé qué hace aquí".

Sacrificarme por mis hijos.

Debemos ayudarla.Quiere manejarnos.

Hazlo por mí.He hecho correr

la voz de que necesitamosplanchadora.

Y ya la tengo.Estamos perdidos si la descubren.

Manuela no pagará

por el capricho de una sirvientaavariciosa.

Le quitaré el reloj.

Si muere,

su desgracia caerásobre tu conciencia.

Ven conmigo.

Estoy casado.

Y tengo una hija.Pero nada es como crees.

Te has significadoante quien no debías.

Doña Cayetana.-Dios te pille confesada.

Eres mi esposa.Vayamos a la alcoba.

Bajemos al parque.

Prefiero en casa.Aquí no aparento lo que no soy.

Eso podría pasarle si enreda.¿Qué hago con ella?

"Verás si usarlapara salvar tu matrimonio".

"Mejor no saber".

Una buena esposamira para otro lado.

-"Ya sentará la cabezacuando vengan niños".

"¿A quién sale?".

Con lo mona que era yo de su tiempo.¡Carlota!

No le pongas la mano encima.

No entiendo cómo mi padreha podido casarse con ella.

Cómo le ha besado.

-Miro a otro lado.

-Los únicosque no le llamaban padre.

Perdón.

-Esta mujer es un caso.-Vaya patochada.

-No hables de tanto de clasey demuéstrala.

Respetando a la señora de Palacios,que soy yo.

-Es mi sueño e iré tras ella.

-La señora soy yo.

Demostraré quién sobra.

-¿No recuerdas las fiestasque dábamos?

-Dices bien.

Que dábamos.

-Yo siempre fui la primera damade Acacias 38.

Y no me quitarán el puesto.

Son nuevos en el barrioy tienen un hijo.

-Prefiere escuchar mi vozque entender.

Pero proseguiré.

-Es que creo que le da repugnancia.

-De eso dependela supervivencia.

Usted es una dama distinguiday yo un mozo.

Mi madre tiene muchos afanes.

Eres un romántico,Germán de la Serna.

Pero te gusto.Tenemos una charla.

Muchas cosas.

"Estás como arrebolado,con ojos chispeantes".

"No me reconozco".

Pero algo hay.

Y no es como lo que sientopor mi esposa.

Si no es por mi madre,

ahora estaría casadocon la mujer que amaba.

"No sé qué esperas".

Perdí mi oportunidad.

-De viuda a viuda,no te conviene

ir por las calles hablandocon hombres solteros.

"Hemos de condenarnosa la desdicha".

No. Hasta ahora sí lo creí.Pero ya no.

¿Qué ha cambiado?

Te conocí.

Conseguiré dinero.

Y lograré mis sueños.Y me daré puerta.

¿Y qué sueños son esos?

Me los guardo para mí.

¿Soñar en qué?

En que alguien como túse fijase en alguien como yo.

Quisiera que todo fuese distinto.Las cosas son como son.

"Y nosotros no podemos cambiarlas".

¡Carlota!

¿Vivirá?

¿Respóndeme, por Dios!

¿No podrá tener hijos?-Sería casi

un milagro que quedase encinta.

Ese es tu mundo.

-Un mundo del que túme has rescatado.

Nuestro mundo no aceptará

a una tullida.

En vez de su salvador

soy su verdugo.

Tú solo haz lo que te dictetu corazón.

Madre, padre,

por caridad, una limosna.

¡Inocencia, hija!

Padre.

Padre.Sigue sin pulso.

Apenas lo oigo.-Don Justo.

-¡Ramón!

¡Ramón!

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